Tutorial de la Dra. Paz

 

Os presentamos el Tutorial Ameno de la Doctora Paz

 

Con el podréis conocer de una forma amena y divertida como utilizar los diferentes tanques y artilleria de que disponéis en el juego, las consultas realizadas a la Doctora Paz se dividen en las siguientes categorías:

 

● el scout

● el pesado

● el antitanque

● la artillería

● el tanque medio

● Epílogo: querido diario

 

Estos relatos han sido escritos por melops jugador del servidor EU, al cual agradecemos que nos deje compartirlos en este blog

 

En el siguiente link podéis encontrar el hilo original en el foro oficial de World of Tanks

►► Link al hilo original del Autor ◄◄

 

 

Tutorial ameno de la doctora Paz. 1: el scout

Buenos días. Me llamo Paz, y llevo trabajando como psicóloga desde... Bueno, para no revelar mi edad lo dejaremos en un par de décadas. Desde que empecé a trabajar en el estudio de la mente humana hasta la actualidad, he sido capaz de descubrir cambios sustanciales en la conducta de los pacientes que entran a mi consulta. Como norma general, he tratado diferentes adicciones y comportamientos antisociales; pero desde hace unos meses han empezado a entrar a mi consulta unos individuos un tanto... particulares. El caso es que todos ellos tienen un nexo común: son jugadores del “World of tanks” o, como ellos le llaman, el “WoT”.

 

El primero de ellos pidió cita a primerísima hora de la mañana. Comprenderán ustedes que eso ya sea un dato relevante en una consulta psicológica. Cuando le tocó el turno, llamó a la puerta y, sin darme tiempo a decirle que pasara, entró y se sentó en el asiento que hay enfrente de mi mesa. Lo hizo de una forma sorprendente incluso en la consulta de una psicóloga.

Para ganar algo de tiempo, le dije que se pusiera cómodo mientras terminaba unas notas. Evidentemente estaba anotando esas primeras impresiones de comportamiento sorpresivo ante los demás. El chaval era joven. Aún no habría cumplido los 25, aunque su atuendo resultaba un tanto extraño. Lucía un gran tupé engominado que me hacía recordar al de “Loquillo”, el cantante que hacía banda con “los Trogloditas” allá por los 80. Vestía camisa de cuadros y vaqueros ajustados. Con ese atuendo llamaba la atención su calzado. En vez de unas botas de cow boy, llevaba unas modernísimas zapatillas deportivas. Eran iguales que las que me había pedido mi hijo para correr.

 

-Me llamo Jaime, pero todos mis amigos me llaman James. Creo que es porque idolatro a James Dean.

 

-¿Ese no era el protagonista de “Rebelde sin causa”?

 

-El mismo. Ya sabe: “vive rápido, muere joven y harás un bonito cadáver”.

 

-Sí, he visto sus tres únicas películas.

 

-Eso es porque murió demasiado joven como para poder hacer más. El tema es que tengo que reconocer que tengo una adicción. Me he enganchado al WoT.

 

-¿Perdón?

 

-Al World of Tanks. Un video-juego a través de internet.

 

-Ya veo. ¿Y qué cree usted que le provoca esa adicción?

 

-La verdad es que es un juego muy interesante en el que cada jugador lleva un tanque. Hay cientos de ellos distintos y, cada jugador escoge el que más le gusta.

 

-Y a usted, ¿qué tanque le gusta?

 

-Me gustan los tanques ligeros, los scouts. Son muy rápidos y ágiles. Ideales para colarse tras las líneas enemigas y acabar con las malditas artillerías.

 

-Y usted viene a verme para que le quite esa adicción, ¿verdad?

 

-No, doctora, no. ¡Yo vengo para que me ayude a mejorarme como jugador! Necesito que me explique como debo indicar a mis compañeros de equipo que acaben pronto con los enemigos que pinto.

 

-Pero, ¿es un juego de disparar o de pintar?

 

-¡De disparar, naturalmente! Lo de “pintar” es como llamamos en nuestro argot a localizar enemigos en el minimapa para que los demás sepan donde están escondidos.

 

-Empiezo a imaginar... Pero, ¿cómo que tengo que explicarle cosas para sus compañeros? ¡El que ha venido a la consulta es usted, no ellos!

 

-Ya, pero yo no necesito mejorar mi técnica de “scout”. Soy el mejor de mi clan y estoy entre los diez mejores del servidor europeo. Mis estadísticas lo confirman, ya que encuentro a más enemigos que nadie. El problema es de mis compañeros, que son incapaces de acabar con los tanques que localizo para ellos.

 

-Vale. Entonces usted no destruye tanques, sino que solo los localiza con un tanquecito ligero para que los compañeros más lentos, pero con mayor capacidad de ataque, acaben con ellos. ¿Me equivoco?

 

-Ha acertado usted plenamente. Cuando comienza la partida, salgo lanzado a por el enemigo. Soy tan rápido que les pillo desconcertados, sin que se hayan empezado a colocar en sus posiciones adecuadas para atacar.

 

-Eso está bien pero, ¿y sus compañeros? ¿Están ellos en sus “posiciones adecuadas para atacar”? ¿Ha dado tiempo a sus compañeros a colocarse en sus puestos? ¿O ha iniciado usted su avance fulgurante sin tener en consideración que ellos son más lentos?

 

-Estoooo... ummm, ¡no sé! No me he fijado en ello. Tampoco es mi misión. La misión es la contraria, la de que ellos estén atentos a mí. Si no se han colocado aún es porque son unos novatos y unos perdedores.

 

-¿Y no ha probado nunca a estar atento a ellos? Al fin y al cabo, usted es los ojos de sus compañeros, pero ellos son el cañón de usted. Trabaje pensando en que lo hace para ellos y, quizás, sobrevivirá más tiempo y le dará para hacer más películas que a James Dean. Créame: un cadáver nunca es bonito, por muy joven que sea o muy rápido que haya vivido. Sus amigos no pueden ayudarle si no están preparados, y usted no podrá ayudarles si está muerto. Encontrará más enemigos que nadie, pero ellos le frenarán con un balazo. Si usted está muerto, el novato y el perdedor será usted, no ellos que siguen con vida y luchando contra el enemigo.

 

-¡Vaya! Puede que tenga usted razón. ¡Nunca lo he mirado desde esa perspectiva! Si me quedo con ellos al principio, puedo localizar y perseguir a los scouts noobs que se lancen a por mis artillerías. Mi cañón sí que puede acabar con su blindaje. Luego puedo avanzar por delante de los pesados, pero sin perderles de vista y, cuando se líen a tiros entre los pesado, puedo flanquear el mapa por la zona en la que no haya peligro para alcanzar a sus artillerías sin que haya ningún tanque que les defienda. ¡Incluso puede que sea capaz de capturar la base enemiga!

 

-¡Me parece una estrategia mucho mejor que la que tenía usted antes!

 

James se levantó de su asiento de una forma más pausada, se despidió cordialmente y miró lo que había en el pasillo antes de salir de la consulta. Estoy segura que pronto cambiará esa camisa de cuadros por una sudadera. Quizás se dedique al skate-board o a ese deporte nuevo que me cuenta mi sobrino. ¿Cómo se llama? ¡Ah, sí! Parkour. Quizás siga muriendo joven en sus partidas "on line", pero seguramente durará más, disfrutará más y será de mayor ayuda a su equipo. 

 

Tutorial ameno de la doctora Paz. 2: el pesado

Buenos días. Aquí estoy de nuevo. Para los que no me conocen, soy la doctora Paz. Inicié hace poco un hilo en este foro contando una experiencia con uno de los pacientes de mi consulta de psicología. Como parece que ha tenido bastante aceptación por parte de ustedes, procedo con un nuevo episodio.

 

El paciente entró en la consulta bastante sofocado, con la respiración entrecortada. Se le veía agotado, así que le ofrecí que se sentara. Era un hombre corpulento y bastante alto. Acababa de pasar los treinta años, esa edad en la que un hombre conserva aún la fuerza del joven, pero empieza a pensar de forma madura. Llevaba el pelo cortado al cepillo. Su enorme y cuadrada mandíbula encajaba en una cabeza bastante grande en la que destacaba una enorme y poblada ceja que tenía un pequeño corte reciente en el lado izquierdo. Su nariz estaba desviada desde hace años, sin duda por algún golpe o pelea en su juventud. Sí, tenía cara de bruto, de boxeador, de camorrista... A ello colaboraba un cuello de toro estilo Fernando Alonso que llevaba hasta un amplio tórax. Sus brazos eran muy fuertes. Se notaban las horas de gimnasio. No obstante, el consumo de “cervecitas” y otros excesos, dejaban su huella en una incipiente barriguita. Además, sus piernas parecían débiles. Estaban totalmente descompensadas con el resto de su musculatura. Cuando recobró el aliento me dijo:

 

-Perdone, doctora, pero el ascensor estaba estropeado y las escaleras me matan.

 

-¡Si tan solo es un primer piso!

 

-Ya, pero no soy muy amigo de subir escaleras. Bajarlas sí, pero eso de subir cuestas...

 

-¿Cuál es su nombre?

 

-Miguel, pero mis amigos me llaman Maus, Mickey Maus.

 

-Querrá usted decir Mickey Mouse, ¿no?

 

-No, Mickey Maus.

 

-Bien. Dígame, señor Maus. ¿Qué le ha pasado en esa ceja?

 

-¡Oh! No se preocupe, no es nada. Gajes del oficio.

 

-¿A qué se dedica?

 

-Soyyy... vigilante de seguridad de unnnn... de una discoteca.

 

-Ya veo.

 

Comprendí en seguida a que tipo de discoteca se refería. Especialmente cuando observé el descaro con el que miraba mi escote. No pude evitarlo y me abotoné toda la bata blanca, no dejando nada de la vestimenta que llevaba debajo al descubierto. Era un tipo con una cara muy dura y sin duda eso le había provocado esa desviación del tabique nasal. Estaba acostumbrado a dar leña... y a recibirla. Me encontraba incómoda ante ese individuo, así que fui directa al grano.

 

-¿Qué le trae por mi consulta, señor Maus?

 

-Verá, doctora. Uno de mis nuevos amigos me ha comentado que venga a verla. La verdad es que no sé por qué, pero... aquí estoy.

 

-¿Uno de sus nuevos amigos?

 

-Sí, le llamamos “el James”.

 

-¡No me diga que usted también juega a eso del WoT!

 

-Pues así es. Soy un as de los tanques pesados. Lo malo es que me he metido en un clan de noobs y perdedores, con lo que pierdo muchas partidas cuando juego con ellos.

 

-¿Y antes las ganaba?

 

-Pues... creo que tampoco.

 

-Ya veo. ¿Cómo es su tanque, señor Maus?

 

-Mi tanque es muy grande y tiene un gran blindaje dispuesto a aguantar los disparos de armas muy potentes. También tengo un gran cañón capaz de acabar con cualquiera en un par de disparos.

 

-Con ese “supertanque” no veo cual es el problema. ¡Debe ser usted invencible!

 

-Pues sí, jejeje. Bueno, a veces no tanto. Los malditos scouts me encuentran con facilidad debido a mi tamaño. No es fácil esconder un tanque tan grande.

 

-Perdone usted, señor Maus, pero esos scouts son unos tanques muy pequeñitos que no tienen blindaje. ¿Por qué no les pega usted un tiro y ya está?

 

-Es que no se están quietos. A mí me cuesta mucho girar la torreta. Mientras tanto ellos van dando vueltas y vueltas alrededor mío. Me disparan en mis pocos puntos débiles y, además...

 

-Además ¿qué?

 

-En cuanto me pintan los scouts, la artillería enemiga no deja de dispararme proyectiles muy grandes que hacen papilla mi blindaje. No obstante la culpa no es mía, sino de mis compañeros que son unos noobs y unos perdedores. No saben jugar en equipo. Se lo digo siempre. Normalmente empiezo la partida escribiendo notas en el chat para que no sean unos noobs y me sigan.

 

-Y usted cree que le apoyarán si les insulta, ¿no? Les hunde moralmente y pretende que le quiten de encima a esos incómodos scouts.

 

-¡Es que son unos noobs! Usted no lo comprende. Ayer mismo me encontré al James con su T-50 escondido tras una mata al principio del juego. Llegué por detrás y le empujé hasta sacarle de allí para que espabilara y me pintara objetivos. Jajajaja. Con el golpe le quité el 25% de la vida. ¡Y eso que le empujé despacio! Jajajaja.

 

Su risa sonaba socarrona, macarra. Evidéntemente este tipo iba de sobrado por la vida, arreglando todo a golpe de músculo y fanfarroneando de ello. Con esa actitud no era de extrañar que la gente le evitara.

 

-Quizás su amigo James estaba esperando a que usted y los demás tanques lentos tomaran posiciones. Por otro lado no resulta muy inteligente lastimar a sus compañeros. ¿No cree?

 

-Es que son unos noobs. Alguien tiene que enseñarles.

 

-¿Y ese alguien debe ser usted? Mire, señor Maus; insultando y empujando a la gente es difícil que se haga usted con amigos que le quiten a los scouts de en medio. Debería tratarlos con más educación.

 

-Ya, pero... ¡bien que se arriman a mí para usarme de muro cuando el enemigo está cerca!

 

-¡Claro! Es que el papel de usted es servir de muro a sus compañeros. Para eso tiene usted el mayor blindaje del juego. Por otro lado, ¿se deja usted ayudar?

 

-¿A qué se refiere?

 

-Usted es el más lento. ¿Sigue usted a los scouts o tira para otro lado del mapa? Si se va usted solo, no habrá nadie cerca para quitarle de en medio a los tanques ligeros enemigos, y la artillería le destrozará en poco tiempo. Por otro lado, si abandona a su suerte a su propia artillería al principio de la partida, cualquier otro tanque puede acabar con ella, y usted se quedará sin apoyo.

 

-Ya veo por donde va. De todos modos, no puedo depender siempre del apoyo de mis scouts. Mueren muy deprisa. Y a veces estoy fuera del tiro de los noobs de mis artilleros.

 

-Señor Maus: ¡basta ya de llamar noobs a sus propios amigos! Me está poniendo muy nerviosa con esa palabrita. Supongo que a ellos tampoco les gustará que les llame así.

 

-Ya, pero es que...

 

-¡No hay “esques” que valgan! En mi consulta no consiento que se insulte así a otras personas. Y usted ya lo ha hecho en repetidas ocasiones. Si los scouts mueren deprisa no es porque no sepan jugar, sino porque, a pesar de no tener un gran blindaje, tienen el valor de enfrentarse a enemigos más grandes desde muy cerca. Eso es algo que les honra, ya que anteponen el interés del grupo al propio. Y si usted se mete en medio de lugares inaccesibles para la artillería enemiga, no pretenda que resulten adecuados para que la suya le defienda.

 

-Entonces, ¿debo quedarme en campo abierto?

 

-No estoy diciendo eso. Busque la forma de esconderse de la artillería enemiga en medio de las ciudades, usando las casas como parapeto. En el campo cúbrase con grandes piedras. Pero no pretenda que, mientras esté allí, la artillería le proteja. Ellos solo lo harán en lugares abiertos. Cuando salga de las ciudades, procure no pararse hasta encontrar cobijo, salvo que esté seguro de que nadie le ha pintado, o le caerá una lluvia de obuses del cielo. Y no salga nunca solo dándoselas de “machito” porque cualquier tanque más ágil le puede poner en problemas. Su blindaje será fuerte, pero ese enorme peso le hace lento. Su cañón es muy potente, pero eso le impide girar su torreta con suficiente velocidad. Usted necesita apoyo de sus amigos, así que procure darles apoyo cuando ellos necesiten de usted. De lo contrario, morirán pronto y usted se quedará solo. Y ya sabe que solo no dura mucho tiempo.

 

-Entonces está usted diciendo que mi estrategia ha sido incorrecta. ¡El noob he sido yo al no ayudar a mis compañeros al principio de la partida, con lo que no he podido recibir apoyo al final!

 

-Creo que empezamos a comprendernos.

 

-¡Gracias, doctora! Es usted toda una experta en tanques.

 

Le vi salir por el pasillo cerca de la pared. Cedió el paso a una ancianita que salía del ascensor recién reparado mientras marcaba un número de teléfono.

 

-¿James? Oye, colega, estoy en tu barrio. Acabo de salir de la consulta de la psicóloga que me dijiste. Si eso te invito a una birrita en el bar de enfrente.

 

 Tutorial ameno de la doctora Paz. 3: el antitanque

Era media mañana de un día cualquiera cuando di paso a un nuevo paciente. Mientras entraba, me dispuse a colocar el expediente del anterior en su carpeta, en la balda superior de la estantería que estaba tras de mí. Al darme la vuelta me sorprendió verle allí. No le había oído entrar y se había sentado sigilosamente en su butaca, al otro lado de mi mesa. ¿Me había estado mirando el culo? No creo. Es obvio que éste es un tío normal, de lo más común. Su estatura no era alta ni baja. No estaba ni gordo ni delgado. Su cara no terminaba de ser ni redonda ni alargada. Su pelo no era ni corto ni largo. Vestía un jersey gris y un pantalón vaquero. Es como si quisiera pasar desapercibido. ¡No se podía ser más normal! Tan solo aprecié un pequeño detalle extraño: miraba todo moviendo solo los ojos, no giraba el cuello para nada.

 

-Perdone. ¿Le pasa algo en el cuello?

 

-¡Oh, no! Bueno... es una vieja lesión de la infancia. Tuve un pequeño percance aprendiendo a montar en bici. Hubo que escoger entre volver a mover las piernas o mover el cuello.

 

-¡Vaya! Lo lamento. Debe ser algo muy molesto girar todo el cuerpo para ver lo que hay a los lados.

 

-No se preocupe. Tampoco es para tanto. Puedo hacer prácticamente lo mismo que el resto de la gente. Aunque no lo parezca, no es un gran problema.

 

-¿Cual es su nombre?

 

-Me llamo José López, pero todos mis amigos me llaman Pepe.

 

Mientras decía esto, sacó una tarjeta de visita de su cartera que, accidentalmente cayó al suelo. Se agachó para recogerla rápidamente y... ¡Uffff! ¡Seré tonta! Cuando quise juntar las rodillas era demasiado tarde. Estoy segura de que dejó caer la tarjeta a posta para poder ver mi ropa interior. La verdad es que no lo esperaba. Traté de hacer como que nada había pasado. Tomé la tarjeta comprobando que, efectivamente, tenía también un nombre de lo más común. Pensé que este tipo no pasaba desapercibido solo en la calle, sino que también lo hacía en la guía telefónica.

 

-Dígame, don José. ¿Qué le trae por aquí?

 

-Verá, doctora. Un par de amigos míos estaban comentando por el chat que les ha ayudado usted bastante.

 

-¿De qué chat me habla?

 

-El chat de mi clan del WoT.

 

¡Tenía que haberlo imaginado! Un tío que pasa tan desapercibido tenía que jugar a algo donde poder camuflarse entre cincuenta millones de usuarios.

 

-Ya veo, el juego ese de los tanquecitos, ¿verdad?

 

-Así es, doctora. Soy un experto sniper.

 

-¿Sniper? Un... oportunista.

 

-En inglés militar se trata más bien de un francotirador.

 

Pensé que le cuadraba mejor el término “oportunista”. Sin duda, no había perdido ninguna oportunidad de mirar “donde no debía”.

 

-Pero eso es un juego de tanques. ¿Los francotiradores no usan rifles con miras telescópicas y trajes con ramas?

 

-Existe un tipo de tanque que usa cañones de gran precisión y calibres muy altos, tan solo las artillerías son capaces de disparar calibres mayores. Son los llamados “antitanques”. No suelen usar torretas para poder ser más bajos y esconderse mejor entre arbustos. También tienen un blindaje frontal muy fuerte.

 

-¿Solo es fuerte por el frontal?

 

-Sí, así que por culpa de los noobs y perdedores de mi clan, los tanques enemigos me flanquean, rompen mis orugas y acaban conmigo desde atrás o desde los laterales aprovechando que solo puedo disparar hacia adelante. Además las malditas artillerías enemigas se ceban conmigo al quedarme inmovilizado.

 

-¡Ya estamos de nuevo con los noobs! ¿Qué es lo que hacen mal sus compañeros?

 

-No deben dejar que me flanqueen. Al fin y al cabo soy el centro de toda la estrategia, ya que tengo el arma más poderosa.

 

-Pero, ¿no son más fuertes las armas de la artillería?

 

-Los artilleros son unos noobs. Sus proyectiles tardan mucho en llegar y son imprecisos.

 

-Hace un momento no hablaba usted así de los artilleros enemigos.

 

-Ya, claro, pero...

 

-Mire, don José. Por mi experiencia veo que usted se está dedicando a ir por su cuenta, creyendo que todo su equipo debe de protegerle. Sin embargo, creo que sería mejor que usted apoyara a los demás desde una posición un tanto más retrasada.

 

-¡Pero la acción está adelante! Quedarse atrás todo el rato es aburrido.

 

-No digo que se quede todo el tiempo atrás. Tan solo le digo que procure tener otros tanques por delante de usted. Mientras tanto, colóquese escondido en algún matorral. Aproveche sus cualidades de camuflaje al máximo. Si no le ven, no podrán flanquearle. Si están ocupados con un tanque pesado, seguramente la artillería enemiga no se fijará en usted. Desde esa posición podrá ayudar a sus compañeros soltando buenos cañonazos sin que el enemigo vea “por donde vienen los tiros”.

 

-¡Claro! Si dejo que los pesados de mi equipo se muestren al enemigo, podré tener tiempo para apuntar a los puntos débiles mientras los blindajes de los pesados aguantan los disparos del otro bando. También tendré tiempo de volver a cargar de nuevo sin temor a que nadie me flanquee.

 

Se le veía emocionado con la nueva estrategia. Se levantó rápido y se inclinó para darme la mano mientras se despedía. ¿Había aprovechado que yo seguía sentada para mirarme el canalillo? ¡Sin duda estaba siempre buscando el mejor sitio! ¿De qué sería capaz este tío si pudiera girar el cuello?

 

 Tutorial ameno de la doctora Paz. 4: la artillería

Las visitas de don Arturo a mi consulta eran ya habituales. Es un viejo profesor de la ESO. Su especialidad son la física y las matemáticas. Resulta difícil sacarle conversación fuera de esos dos temas. Quiso el azar que terminara siendo profesor de mi hijo, así que sé más cosas de don Arturo por mi condición de madre que por lo que le sonsaco en la consulta. Según mi hijo, su pasión son las funciones exponenciales, las parábolas y la trigonometría. Acostumbra a decir que todos los cálculos son teóricos, solo válidos en condiciones ideales de laboratorio, ya que la “teoría del caos” está rondando a nuestro alrededor y una brizna de aire o un pequeño cambio de temperatura puede echar por tierra todos los resultados teórico-matemáticos. Siempre viste su vieja chaqueta de pana con coderas. Dice mi hijo que es porque siempre vigila los exámenes sentado desde la esquina de la clase con los codos en la mesa y las manos sujetándose la cabeza. Es muy previsible, nunca se mueve de allí, con lo que todos los chavales saben como hacer para que “el viejo Arti” no les pille con las chuletas. Resulta previsible hasta durante la hora del recreo. Siempre se sienta en la misma mesa de la cafetería, observando todo desde la misma esquina, mientras toma un café solo sin azúcar y una magdalena.

 

En su visita anterior estaba preocupado porque nunca había tenido amigos fuera de su círculo de profesores. Con lo soso que era exteriormente, se me ocurrió que podría hacer amigos a través de internet. Así verían su “belleza interior” antes de que pudieran conocerle “por fuera”. Cuando entró en la consulta, se sentó en la misma silla de siempre, en una de las esquinas.

 

-Buenos días, don Arturo. ¿Cómo va todo desde la última consulta?

 

-Regular. Seguí su consejo y ahora tengo algunos amigos nuevos.

 

-¿Y qué tal le va con ellos? ¿Charla a menudo con ellos? ¿A quedado ya para conocerse en la vida real?

 

-Aún no les conozco en persona, aunque hay un par de ellos que viven cerca de aquí. Juego con ellos todos los días.

 

-¡Estupendo! ¡Parece que vamos progresando! ¿A qué juega con ellos?

 

-A un video-juego de tanques.

 

-¡Menuda sorpresa! Bueno, por algo se empieza. Ya empieza a encajar en un grupo.

 

-Encajar, encajar... La verdad es que acostumbran a echarme la culpa de todo, pero si perdemos es por ellos que son unos novatos y unos perdedores.

 

-¡Don Arturo! ¿Usted también con el tema de los novatos? En fin... dígame: ¿qué tipo de tanque tiene usted?

 

-No es propiamente un tanque, sino una artillería autopropulsada.

 

-He oído hablar bastante mal de esas artillerías...

 

-Pues son fabulosas, pero es que estos novatos no hacen más que llorar en los foros para que nos nerfeen. Si tan superiores se creen que son las artillerías, que se compren una y verán que no todo es tan fácil. Y cuando todo va mal, la culpa es siempre de la artillería. La del enemigo es muy buena y la nuestra es muy mala. Siempre sale algún novato diciendo eso de: “Dios nos libra de la artillería enemiga, porque de la amiga no nos libra ni Dios”.

 

-¿Y por qué temen tanto a la artillería amiga?

 

-Tenemos el arma más poderosa del juego. Además nuestros obuses hacen enormes parábolas, con lo que caen en la zona superior de los tanques, donde casi no hay blindaje. Si caen cerca, la onda expansiva hace muchos daños. Pero tenemos dos grandes problemas: que la bala tarda mucho en caer y que no es muy precisa. Así que es fácil que alcancemos a alguno de los nuestros que se pega al enemigo o que le empuja y se lleva él nuestro tiro.

 

-¿Y por qué dispara si sabe que puede dañar a un compañero?

 

-Muchas veces no se puede evitar. No están allí en el momento del disparo. Tenga en cuenta que llegan a tardar dos o tres segundos en caer...

 

-Muchas veces, dice usted. Eso es que hay otras que...

 

-Bueno, sí. Hay otras que veo que están pegados y disparo. Pero lo hago para defender a mi compañero. Digamos que son “daños colaterales”.

 

-¿Y por qué no dispara apuntando cerca del enemigo en vez de encima? Le dañará con la onda expansiva, pero el blindaje del enemigo protegerá a su compañero.

 

-Ummmm. ¡Vaya! ¡No se me había ocurrido! De todos modos tampoco se merecen mucho que me preocupe de ellos. Me dejan siempre solo cuando atacan los scouts. Cuando no llegan los scouts, me atizan con contra-artillería.

 

-¿Contra-artillería?

 

-Sí. Hay artilleros que utilizan la vista aérea para mirar por los sitios donde piensan que debo estar. Cuando ven la trazada de mis disparos, lanzan un tiro a ciegas y... ¡se acabó la partida! No tengo blindaje para soportar uno de esos tiros.

 

-¿Y no será que es usted demasiado previsible? ¿No será que se pone usted siempre en la misma esquina y no se mueve de ella hasta el fin de la partida?

 

-¿Cómo sabe usted eso?

 

-Estooooo... Solo era una suposición. ¿Por qué no va cambiando usted de sitio? Al principio puede buscarse un buen arbusto para esconderse de los scouts que salen al principio. Luego, cuando empieza el combate “de verdad”, nada más soltar el primer tiro muévase. No espere a ver donde cae el disparo. Con  unos pocos metros le valdrá para que la artillería enemiga no le acierte disparando “a ciegas”. Además, tengo entendido que esos proyectiles son muy caros y, si ven que usted se va moviendo según dispara, le dejarán por imposible y se concentrarán en otros blancos más “seguros”. Si sigue avanzando por zonas que sus compañeros han dejado despejadas, los scouts más veteranos le seguirán buscando por las esquinas y los sitios habituales. Así que tampoco le encontrarán tan fácilmente. Cuando lo hagan, quizás tenga usted a sus compañeros suficientemente cerca como para echarle una mano.

 

-¡No imaginé que, además de psicóloga, fuera usted una estratega militar!

 

Don Arturo se marchó de la consulta con cara de reflexionar seriamente. Era como si estuviera tratando de resolver una de esas complicadísimas ecuaciones con múltiples incógnitas y cargadas de logaritmos neperianos y arcos tangentes. Al día siguiente mi hijo me comentó que “el Arti” había pillado a seis compañeros suyos con chuletas en el examen de “tracas” y que se puso a gritar: “¡Soy un as de batalla!” Hay quien dice que fue porque, en vez de un café sin azúcar y una magdalena, en la cafetería se tomó una coca-cola y un bocata de tortilla. Eso sí, la coca-cola era light.

 

 Diario ameno de la doctora Paz. 5: el tanque medio.

Los Viernes por la tarde no tengo consultas y me junto con mis amigas a medio día para comer todas juntas. Es nuestro “día de las chicas”. Mientras nosotras lo pasamos bien durante la tarde, nuestros maridos se ocupan de las cuestiones domésticas y de cuidar a los peques. Al llegar el postre, Maruja me preguntó:

 

-Paz, no has dicho nada durante la comida. ¿Te pasa algo?

 

-Sí. Tienes la mirada distraída. O estás cansada por el trabajo o... ¿no tendrá nada que ver con el chico que tenéis ahora en recepción?- dijo Celeste.

 

-¡Ufff! Le vi ayer y me recordó al del anuncio de “la hora Coca-Cola light”- apuntó Maruja.

 

-¡Pero bueno! ¡Vaya dos con las que me junto! No necesito ningún “cachitas”.

 

El camarero vino a tomar nota de los cafés, lo que me sirvió también como tabla de salvación. A ver si así cambiaba el tema y estas dos me dejaban tranquila.

 

-¿Desean ustedes también un licorcito? La casa invita.

 

Mientras el camarero se marchaba con la nota de los cafés, estas dos brujas volvieron a la carga.

 

-¡Vaya culito que tiene el chaval! ¡Mira con que garbo lo mueve entre las mesas y con que gracia lleva la bandeja!

 

-¿Te has fijado como miraba a Paz cuando nos ha invitado a los chupitos?

 

-Por favor, tengamos la fiesta en paz- dije con rotundidad. -No necesito ni a un cachitas ni a un nene con un culito grácil. Ya tengo a mi marido en casa, que no está nada mal.

 

-Reconoce, Paz, que éste mueve mejor el trasero. ¡Si se mueve así en otro sitio...!

 

-Eso. Y que tu Segundo no tiene los biceps del chico de recepción.

 

-Mi Segundo es mucho más equilibrado que ellos. Es un buen hombre, un buen padre y un buen esposo. No será tan espectacular como esos dos, pero ni está gordo ni es un paquete en la cama.

 

No debí decir aquello. Sin querer había dado donde más les dolía a mis dos amigas de toda la vida. Acababa de describir a sus maridos. Afortunadamente, la alegría de los chupitos cambió de nuevo las caras de las tres. Pero yo estaba deseando volver a casa tras el patinazo de antes.

 

Me extrañó ver a mi hijo viendo la tele en el salón, sentado en el sitio que normalmente usa Segundo.

 

-¿Qué haces aquí solo, cariño mío?

 

-Nada. Viendo la tele. Papá se ha puesto con el ordenador, así que no tengo otra cosa que hacer.

 

Me dirigí a la habitación donde tenemos el ordenador. A pesar de que la puerta estaba cerrada, escuché a Segundo decir:

 

-¡Pandilla de novatos perdedores! ¿Es que no ven?

 

-Hola, cari. Ya estoy en casa. ¿Qué andas haciendo?

 

-Me he puesto a jugar un rato con unos amigos.

 

-¿No te habrás descargado el “World of Tanks”?

 

Segundo levantó la mirada de la pantalla del ordenador. Su cara estaba perpleja.

 

-¿Y tú como sabes a qué estaba jugando?

 

-Llámalo... intuición femenina. ¿Qué tanque usas?

 

-Un tanque medio. Ni es el primero en agilidad, ni el el primero en pegada, ni el primero en blindaje. Pero está bastante equilibrado. Lo malo es que me he juntado con una pandilla de novatos y perdemos por su culpa.

 

Me acerqué a la pantalla y vi en el centro un tanque destrozado y humeando. En el lado izquierdo, en la parte superior, encontré varios nombres conocidos en color verde. Allí estaban James, Maus, Pepe y Arti. Un poco más abajo, con el nombre en un color más grisáceo, pude ver el nombre de Segun.

 

-¿Y qué haces ahí solito, cari? En esa zona del minimapa no hay nadie más de tu equipo. Sin la velocidad de James no puedes escapar del enemigo. No tienes el aguante de Maus ni la potencia de fuego de Pepe. Además tu radio no es capaz de contactar con la de Arti para que te apoye.

 

-¡Es que son unos noobs!

 

-Claro, cari. Ellos son unos noobs, pero el que está humeando es tu tanque.

 

-¿Y qué quieres que haga con esta panda de perdedores? Creo que voy a cambiar de clan.

 

-Puede que tengas razón, pero... ¡En fin! Prueba en otro clan.

 

-Espera. ¿Qué has querido decir con ese “pero”?

 

-No, nada, cari. Sigue jugando. Yo voy a hacer un par de cosillas mientras.

 

-¡Vamos, Paz! ¿Qué pasa?

 

-Nada. Tan solo estaba pensando... Aunque, claro, ¡qué sabré yo de tanques! Pero podrías intentar una estrategia distinta.

 

-¿Te has quitado la bata de psicóloga y ya te crees el general Patton? ¿Por qué no escribes un libro? Estoy viendo el “best seller” del año. ¿Cómo lo piensas llamar? ¿Tácticas de combate de la doctora Paz? Un tal Tolstói te quitó un gran título: “Guerra y Paz”. Jajajajaja.

 

-Yo solo digo que podrías intentar no ir tan solo por ahí. Si vas a jugar con tus amigos, no te separes tanto de ellos. Ten en cuenta que ellos no están tan equilibrados como tú y podrías aportarles lo que a ellos les falta. Los ligeros carecen de potencia de fuego mientras avanzan. Los pesados tardan mucho en apuntar y disparar. Los antitanques son muy vulnerables si les flanquean. La artillería está vendida en el “cuerpo a cuerpo”. ¿Por qué no les acompañas y les ofreces aquello de lo que ellos carecen? Puedes ser su apoyo. Si ayudas a tu equipo a sobrevivir, ellos te podrán conducir a la victoria. Pero... tienes razón. ¡Qué sabré yo de tanques!

 

-¡Vaya! Creo que te he subestimado. Tantos años juntos y no sabía que juraste bandera en “el Goloso”.

 

-¡Anda, tontorrón! ¿Vas a intentarlo o no?

 

-Pues... No puedo ayudar a todos a la vez, pero es posible que pueda apoyar la defensa al principio. Luego puedo tratar de seguir a los scouts en tanto que los pesados llegan al frente. Acompañar a los pesados y antitanques durante el combate. Ir en apoyo de la artillería si algún ligero enemigo se nos cuela. Ummm. Doctora Paz: ¿Quiere usted sentarse conmigo y echar un par de partiditas?

-Será un placer, don Segundo.

 

 Diario ameno de la doctora Paz. Epílogo: querido diario.

Querido diario:

 

Como ya te conté hace unos meses, accedí a los deseos de Segundo y me hice una cuenta en el WoT. Ahora todo el mundo me conoce como “supernooba” y he hecho grandes amigos. jjtanks, Tuningpasion, TheQQmore, Valiant_uo, SAHEL_ESP, GranCapitan, 71carlangas, Ganzuas, Monicho, rubensangriento, Elixu, Rackkham y otros muchos me han animado para escribir un pequeño tutorial que resulte fácil de entender para aquellos que acaban de empezar, a la vez que ameno en su lectura. La verdad es que agradezco mucho su apoyo y el de todos aquellos que me han puesto tantos puntos positivos en los cinco capítulos de mi tutorial. Si no fuera por ellos, nunca habría pasado de escribir el primero. Hay quien dice que resulta de gran utilidad, con lo que me encuentro satisfecha, pero... solo en parte.

 

Es importante conocer los tanques, tanto el propio como el del compañero o el del enemigo. Es importante jugar en equipo y no salir como pollo sin cabeza a recibir un disparo mortal antes del minuto tres. Es importante reconocer que uno no es el centro del universo, el ombligo del mundo. Es importante saber acompañar a los demás y hacerse acompañar por los demás. Pero todo eso no es nada si unos jugadores insultan a otros, incluso a los de su mismo equipo.

 

Me resulta lamentable no poder terminar una sola partida sin que alguien llame “noob” a sus propios compañeros. Como norma general su nombre está escrito en tono grisáceo en el lado izquierdo de la pantalla. Como norma general ha recibido un enorme obús tipo “Margarita se llama mi amor”, un obús del calibre 133. “...y una lágrima rodó, rodó, rodó por su rostro angelical...” por su rostro de noob angelical, diría yo, incluso de crío noob angelical. Todo un querubín llorón que obliga a escudarse en insultos y provocaciones a los que aún andan vivos y que no han apoyado a “mister ombligo del mundo”, sino a aquellos que ayudan y se dejan ayudar.

 

¿Llegará algún día la paz al WoT? ¿Será una contradicción “per se” la guerra pacífica, la guerra educada, la guerra deportiva? ¿Ha dejado de ser un honor morir en combate? Si don Alonso Quijano jugara al WoT, probablemente volveríamos a leer aquellas antiguas palabras que dedicó a su buen Sancho Panza: “Las feridas que se reciben en las batallas antes dan honra que la quitan.” Lo malo es que nadie le entendería. Llamarían noob al último de los caballeros andantes sin ningún miramiento.

 

¡Qué difícil es, querido diario, encontrar a alguien que esté dispuesto a sacrificarse por los demás, por el clan, por el grupo, por el equipo...! ¡Qué difícil es, querido diario, encontrar a alguien que se enorgullezca de haber caído en el camino! ¿No sería mejor que esos que no están dispuestos a caer en el camino para que otros lleguen a la meta se queden en casa viendo la final de “gran herma

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